
A unos 8 kilómetros del centro del puerto de Talcahuano, en la Región del Bio-bío, se encuentra la Caleta Tumbes. Este reducto tradicional de pesca artesanal se esconde en el norte de la península de Tumbes, cuya casi totalidad es territorio administrado por la Armada de Chile. Hace algunos años, visitar Tumbes era exclusividad de los marinos y residentes de la Base Naval. Por suerte se han ido extinguiendo paulatinamente estos resabios de la dictadura, y hoy el acceso al recinto es libre.
Una breve reseña: el sector era antaño habitado por mapuches, hasta que en 1816 se asentó un contingente de familias españolas de pescadores, astilleros y carpinteros, provenientes de localidades del país vasco (Bilbao, Santander, San Sebastián). Actualmente viven en Tumbes unas 300 familias, descendientes de estos inmigrantes y dedicadas al oficio de la pesca. Son gente sencilla y amable.
Se llega descendiendo por un sinuoso y no muy bien mantenido camino, que se abre paso a través de una húmeda quebrada. Las casas multicolores son simples, de madera principalmente. Entre morada y morada solemos encontrarnos con callejuelas con olor a musgo, marisco y tierra mojada.

A medida que nos alejamos de la calle que constituye la única arteria del lugar, vemos casas aun más sencillas, encaramadas en las rocas costeras, y que pertenecen la mayor parte a los pescadores que madrugan para salir con las lanchas a trabajar. Los dueños de los botecitos suelen ser otros habitantes, con algo más de plata. La isla Quiriquina se ve desde cualquier punto de la caleta. Disfrutamos de unas reducidas empanadas de marisco en un restaurant donde nos miraron extraño cuando preguntamos si tenían algún postre para ofrecer. Respiramos profundo el aire de mar y nos retiramos por donde llegamos.
Julio de 2007.
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