"El animal moribundo", Philip Roth

Hace pocos días atrás un querido amigo mío, conspicuo y agudo psicólogo, se apareció sonriente con este título como regalo para mi cumpleaños, a sabiendas de que me complicaría la existencia durante el rato que tardaría en leerlo. Así fue.

Esta es una novela breve, pero para nada sencilla. Narrando en primera persona, un profesor universitario ya de setenta años se instala en su sofá junto a un oyente desconocido que el lector pronto puede asimilar como uno mismo, para que este oiga, paciente, un cúmulo de memorias que el catedrático tiene para contarle, o en mi impresión, para confesarle. Los recuerdos parten ocho años antes, y giran en torno a una intensa relación que el docente establece con una alumna de origen cubano, treinta y ocho años menor que él. El resultado de todo esto es una entrega formidable de parte del norteamericano Philip Roth, donde nos adentramos en los conflictos de un hombre docto, racional y seductor que se rinde no sin dificultad y por primera vez a las emociones culposas, a la inseguridad de una obsesión, a la pasión anacrónica, al incómodo descontrol del intelectual. Tenemos una novela en verdad densa, que engaña por su fácil lectura pero que reverbera a poco andar, por sus profundamente humanas reflexiones acerca del sexo, la anarquía del amor, lo inevitable del envejecimiento o la actitud ante la muerte. Éste es el animal moribundo.

En definitiva: texto sucinto, pero concentrado y con una sutil —y por eso casi maldita— inducción a violentarnos contra los hechos duros de la existencia. Lectura de vivencia, madura y altamente recomendable.