Me excuso de antemano por empezar con una especulación: Tal vez una de las características de los países que han sido pioneros en la implementación del sistema neoliberal en el mundo es la de relegar la memoria a un segundo o tercer plano. Un día se anda de la mano con los iraquíes por intereses económicos y estratégicos, y una década después se los invade.
Chile es uno de los países más caros de Latinoamérica, cosa que no es sólo perceptible por los turistas. El sistema de transporte, la salud, la buena educación o los servicios básicos gravan los bolsillos de los chilenos de una manera carente de proporciones aceptables. Se repite acá un desequilibrio sólo comparable al que hay en la distribución de la riqueza. Nos endeudamos; entramos a los supermercados llenos de productos de colores y vitrinas interminables, nos tentamos con todo esa abundancia de consumibles, tan al alcance de la mano, y nos enajenamos. La clase media, que constituye la mayoría de la población de Chile, lamenta 'a posteriori' haber reventado las tarjetas de crédito y se queja de los precios, del sistema y de su indefensión. Las subvenciones estatales son un chiste pues parecen más una palmadita en la espalda que una ayuda sustancial al comparar con los préstamos y créditos que hay que tomar (habitacionales, universitarios, etc.), con tasas de interés cuyo monto ya los quisiera el aumento de los sueldos. Sin embargo, TODO ESTO ES EN GRAN MEDIDA PRODUCTO DEL SAQUEO QUE SE HIZO AL ESTADO CHILENO DURANTE LA DICTADURA.
Los oportunistas artífices de esta joyita económica andan tranquilos, a tal nivel de descaro que se aventuran a la política igual que si estuvieran arriesgando su capital personal en sus propias empresas de lucro. Es como si nadie recordara cuánta mano echaron de lo que pertenecía a todos. Los Piñera Echeñique, Büchi Buc, Saieh, Abumohor, Lavín, Errázuriz, Melnick, Selume, Novoa etc., ya sea desde cargos gubernamentales (distintos ministerios, especialmente) o de asesoría directa al gobierno golpista, privatizaron todo lo que pudieron, vendiéndolo a precio de huevo: Endesa, Chilectra, Entel, CORFO, CAP, LAN, Soquimich, Iansa, etc. para luego sentarse ellos mismos en las mesas directivas de estas empresas, rotarse literalmente los cargos entre ellos, fijar tarifas e hincharse las billeteras. Algunos hasta hoy, no conformes, siguen insistiendo en las bondades de la privatización de CODELCO. Aparecen por esos siniestros años las AFP y las isapres. La salud se mediocriza y el costo de la educación es traspasado a los mermados presupuestos de los hogares desde comienzos de los ochentas. En los directorios de las prolíficas universidades privadas, hasta la fecha, están los mismos personajes. Ya nadie recuerda cómo se robó impunemente al Estado de Bienestar, y cómo le conviene a los grandes holdings que los costos últimos de las crisis económicas y la inflación sean traspasados al ciudadano común.
Cualquier ciudadano que tenga consciencia y sienta en carne propia este brutal desequilibrio del sistema cometería una incongruencia atroz al votar por Piñera. Lamentable y ciertamente, a los gobiernos de la Concertación les ha faltado el coraje (y la voluntad) para revertir los saqueos cometidos, pues se ve bien ser neoliberal y conversar "de tú a tú" con la mitad del globo, venderlo todo y tener cifras azules en la macroeconomía. No se cuenta, sin embargo, conque al final del día Chile tendrá menos de lo que ya le queda. Ya no somos dueños ni de nuestra propia energía ni del agua potable. Está en la voluntad de los españoles hundir más reservas naturales y de mapuches. En gran parte por ese quietismo la clase media interpreta los problemas actuales como un fracaso del gobierno de turno, y decide dar su voto precisamente a un representante de los que construyeron este escenario. El voto debe ser responsable de la situación actual, pero debe ser un voto con memoria, con consciencia y comprensión de lo que ha ocurrido. En necesario informarse, y no dejarse encandilar por sonrisas de almidón político que se pasean por la televisión incluso bromeando simpaticonamente, a sabiendas que pocas personas recuerdan sus abusos. Hay que revertir la amnesia. El Estado no debe ser más un pozo de capital privatizable. No es ni una empresa ni un ente metafísico: el Estado lo somos todos. No nos dejemos engañar, recordemos y seamos consecuentes.
Concluyo recomendando para estos días la lectura del documentadísimo libro de María Olivia Monckeberg: El saqueo de los grupos económicos al Estado Chileno.
1 comentarios:
mish yo hago blogs de monitos y tu aportas con un tema de suma importancia,absolutamente de acuerdo.
saludos
"V".
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